sábado, 6 de noviembre de 2010

FERNANDO LUGO, MENTIRA QUEMA SUS ULTIMAS NAVES


Dice la historia británica que en 1604 el rey Jacobo de Inglaterra truncó las esperanzas presbiterianas afirmando que “Si no hay obispos, no hay rey”. En la actual coyuntura del cura Fernando Lugo, debilitado políticamente y replegado hacia la derecha reaccionaria para salvarse de un impeachment, la frase pertinente sería “si no hay intendentes, no ha presidente”.
Buscando aparecer, aunque sólo sea como furgón de cola, en el bando de los vencedores después de las elecciones municipales de este 7 de noviembre en Paraguay, el cura presidente ha optado por respaldar la candidatura de un conspicuo referente del empresariado enriquecido a la sombra de Stroessner, vinculado a través del CIRD (una especie de corporación de ONG derechistas subsidiadas por la embajada norteamericana) al tesoro de USAID y a la prensa que aboga por los intereses norteamericanos en este país.

Vale decir, un sinceramiento de lo que representó la candidatura de Lugo, a la cual la prensa que responde a la embajada norteamericana maquilló como “bolivariana”: un candidato fascistoide sin fantochadas ni mascaradas.
Por una casualidad muy casual, nuevamente Fernando Lugo aparece en respaldo de un candidato vinculado a USAID y al empresariato anticomunista
Luego de un tortuoso proceso de dilucidar candidaturas que muchos denunciaron como montaje, el oficialismo luguista optó por apoyar la candidatura de Miguel Carrizosa, candidato del empresariato y de la clake que trabaja para la embajada yanqui en la sociedad paraguaya, a la intendencia de Asunción.
El único problema con la candidatura es que el intendentable pertenece al partido que más denuncias presentó contra Camilo Soares, uno de los niños mimados del cura presidente. Hoy Soares y los suyos amenazan con no respaldar la candidatura oficialista, si antes no se retiran las acusaciones en su contra.
“Nosotros no pedimos que la gente de Patria Querida se vuelva oficialista o deje de criticar al Gobierno. Lo que pedimos es que muestren un gesto de amistad y que dejen de criminalizar a algunos dirigentes”, explicó Camilo su solicitud de impunidad.

Un viaje al pasado
Desde su llegada al gobierno, todo el accionar y hasta el estilo del gobierno arzobispal ha significado un viaje al pasado a través del túnel del tiempo. Desde la invocación de las fuerzas más retardatarias de la misoginia, el oscurantismo y el pensamiento mágico, hasta el respaldo del “empresariato” anticomunista, pasando por la cacería de militantes marxistas en el norte del país, todo en el gobierno del cura Fernando Lugo no ha sido más que un retroceso edulcorado por la prensa amiga.

Actitudes y gestos que parecían desterrados del Paraguay luego del 2 y 3 de febrero de 1989 volvieron a ser noticia con el fraudulento obispo de los pobres Fernando Lugo.

Basta la anécdota protagonizada por su abogado defensor en temas de satiriasis, Marcos Fariña, quien quiso utilizar sus influencias y, según denuncias, a fuerza de prepotencia intentó liberar un vehículo y a su conductor sin pagar la multa que le fue aplicada por carecer de registro de conducir.

Los hechos se habrían iniciado en horas de la tarde del lunes, cuando la base de la Caminera, apostada en la referida jurisdicción, ubicada pocos kilómetros de Villarrica, dispuso barreras de control vehicular sobre la ruta, siendo demorados alrededor de 35 rodados, incluyendo motocicletas.

Según el jefe inspector de la Caminera de la zona, Daniel Giménez, en el procedimiento fue sorprendido el presunto cuidador de caballos del presidente Fernando Lugo, Javier Colinas Acosta. Este se dirigía hacia la capital, proveniente de Villarrica. Según Giménez, el conductor demorado llamó por teléfono celular a una persona, que resultó ser Marcos Fariña. Este habló con el inspector y le solicitó que dejara pasar a dicho conductor a pesar de las infracciones por las cuales estaba demorado, petición que le fue negada por el funcionario.

El jefe de la Caminera explicó a Fariña que tenía que multar a la persona, pero este al otro lado del teléfono ya lo increpó y lo amenazó.

No satisfecho, el abogado Luego Fariña, llegó hasta el lugar del uniformado e inmediatamente fue a increpar al jefe de la unidad, a quien trató de "inútil, bandido y porquería", según expresiones de Giménez.

"No sabés con quién te estás metiendo me dijo", expresó Giménez, refiriéndose a la amenaza que le hizo Fariña. La frase amenazante todavía es recordada por muchos paraguayos que sufrieron la prepotencia de la dictadura, cuando ésta era proferida por destacados integrantes de la mazorca del dictador Stroessner, la mayoría de los cuales hoy sigue realizando sus negocios al amparo del gobierno luguista.

Sea cual sea el resultado de las elecciones, y aún logrando aparecer en el bando de los vencedores, con su respaldo a Miguel Carrizosa el cura-presidente habrá quemado las últimas naves de su mentira, la falsa filiación a la izquierda y a la causa bolivariana.

Si tuviera tales convicciones, desde que se hizo con el poder no ha hecho otra cosa que claudicar ante los poderosos, y perseguir a los débiles con la misma saña que sus antecesores. La embajada norteamericana sigue moviendo los hilos en los poderes del estado paraguayo, con tanta o más comodidad que durante la era colorada, y la izquierda sigue sufriendo los embates de la reacción, con tanta o más violencia que antes.

El Paraguay sigue en los mismos puestos en materia de corrupción a pesar del “Plan Umbral” de la embajada norteamericana, que no hace otra cosa que añadir la corrupción norteamericana a la paraguaya a través de falsas ayudas, como llaman a negociados entre diplomáticos y empresarios norteamericanos que permiten al imperio controlar administrativamente el Paraguay. Hasta la cultura sigue en manos de los personeros de la embajada yanqui, a la sazón grandes promotores de la desnacionalización.

Todo lo habíamos advertido en una ecuación cuyos resultados son hoy verificables para cualquier observador objetivo, a pesar de la campaña de descrédito que se intentó montar en contra de mis denuncias, y en la que participaron hasta quienes luego caerían ejecutados extrajudicialmente por las balas luguistas.

Es que como lo sentenció certeramente el escritor y científico alemán Georg Christoph Lichtenberg, resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.

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