TERRORISTAS AUTORIZADOS POR GEORGE W. BUSH EN PARAGUAY
(Luis Agüero Wagner)
Del mismo modo que los terroristas árabes invocan el islamismo para sus actos terroristas, algunos partidarios del Obispo Fernando Lugo invocan hoy la bendición del candidato de Dios para justificar los actos terroristas en los que se vieron envueltos en mayor o menor grado una buena parte de ellos y para colmo, con la autorización de la embajada norteamericana. Se trata de los guevaristas financiados por la CIA y USAID aglutinados en el PMas y Tekojoja, ambos movimientos financiados mediante donaciones a las organizaciones no gubernamentales Casa de la Juventud y Gestión Local, por el representante diplomático de George W. Bush en Paraguay, mister James Cason. Estos héroes cuentan con el constante respaldo del ex financista de los congresos de la Liga Mundial Anticomunista -y consagrado terrorista mediático- Aldo Zucolillo, el citizen Kane paraguayo y jerarca de la SIP, que contrariado por la indiferencia de Washington hacia la patronal de la prensa en los últimos tiempos ha decidido apoyar las candidaturas neo marxistas.
Haciendo memoria, este terrorismo autorizado por el imperio tiene frondosos antecedentes en Latinoamérica –donde apoyó a los tiranos criminales del Operativo Cóndor- y en todo el resto del mundo, donde prácticamente no existe país subdesarrollado donde algún tirano criminal haya dejado de recibir asistencia norteamericana.
Durante la lucha por la independencia de Angola en 1975, Mobutu enfrentó a las fuerzas nacionalistas del MPLA enviando tropas al norte de Angola. Simultáneamente, las tropas racistas de la Sudáfrica del Apartheid invadieron desde el sur. Los invasores fracasaron en su intento por tomar la capital, Luanda. Sin embargo, durante los siguientes 20 años, la CIA utilizó las bases militares del ejército de Zaire para apoyar a uno de sus clientes, Jonas Savimbi de la facción rebelde de UNITA. La CIA acogió a Savimbi tan cálidamente, y sin mayor consideración, como lo hizo con Ben Laden. Ambos eran anti-comunistas al servicio de Washington y ambos terminaron siendo terroristas.
George Bush padre, como director de la CIA durante la década de 1970 y luego como vicepresidente, tenía conocimiento del lujo y de la gran irresponsabilidad en la que vivía Mobutu, quien incluso había visitado Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan, en 1981. En aquella gira, Mobutu y sus amigos visitaron Disneyworld en Florida y luego New York, donde ocuparon totalmente el piso 35 del Waldorf Astoria. Por la misma época los mujhaidín de Ben Laden fueron recibidos como héroes en la Casa Blanca, donde Reagan los puso a la altura de Jefferson, Washington y Franklin al afirmar que eran los equivalentes morales a los padres fundadores de la nación estadounidense.
En distintos puntos de su geografía Estados Unidos ofreció cordial asilo a reconocidos terroristas como Armando Fernandez Larios, terrorista involucrado en el atentado terrorista con bomba en Washington que costó la vida a Orlando Letelier y en el que participó el cuñado de Aldo Zucolillo, Conrado Pappalardo, quien residió plácidamente en Kendall, al sur de Miami. También en Florida fueron cobijados el responsable de una masacre en la embajada de España en Guatemala, Donaldo Alvarez Ruiz, el ex jefe de la policía política de Honduras, Juan López Grijalva, el ex ministro de defensa de El Salvador José Guillermo García y Carlos Vides Casanova. En California disfruta de las playas y el sol Alvaro Saravia Marino, organizador del asesinato del arzobispo Arnulfo Romero en El Salvador. Enmanuel Toto Constant, que tiene en su haber tres mil ejecuciones en Haití, reside en Palm Beach.
En cuanto a las hazañas de estos pupilos del imperio, sólo si consideramos los 4 meses contenidos entre el 6 de abril de 1976 y el 18 de agosto del mismo año, se puede mencionar que en ese lapso de tiempo fueron atacadas por lanchas piratas dos barcos pesqueros cubanos (muriendo un pescador en uno de los incidentes), una bomba estalló en la embajada de Cuba en Portugal ocasionando la muerte a dos diplomáticos, la misión de Cuba en la ONU sufrió un atentado explosivo el 5 de junio, estalló una bomba en el vagó que cargaba los equipajes del vuelo de Cubana de Aviación en el aeropuerto de Kingston el 9 de julio, otro artefacto fue detonado en las oficinas de la British West Indies en Barbados, fue asesinado un técnico de pesca durante el intento de secuestro del cónsul cubano en la ciudad mexicana de Mérida el 24 de julio, en agosto desaparecieron dos funcionarios de la embajada cubana en Argentina y explotó una bomba en las oficinas de Cubana de aviación en Panamá. Nunca fueron castigados los responsables de estos atentados porque los terroristas se inspiraban y eran sufragados por las políticas de Washington.
Pocas semanas más tarde, el 6 de octubre de 1976 estalló con todos sus tripulantes y pasajeros a corta distancia de Barbados, muriendo en el siniestro 73 personas. Uno de sus responsables, Posada Carriles, fue liberado hace poco por “razones humanitarias”, siguiendo impune y bajo la protección de George W. Bush. Otro de los implicados, Orlando Bosch, fue liberado por expresas ordenes de George Bush padre, hace más de una década, para volver a las andanzas.
La nómina también se extiende a Paraguay, donde tampoco faltan los referentes del terrorismo autorizado, que además gozan de amplio respaldo de la prensa vinculada a la Nacional Endowment for Democracy que dirige Aldo Zucolillo.
Entre sus protegidos de hoy, Zucolillo cuenta a muchos que ayer denunciaba en primera plana como peligrosos terroristas, entre ellos varios de los dirigentes de Tekojojá que en a mediados de la década de 1970 integraron la Organización Político Militar Primero de Marzo, más conocida como la OPM, un grupo radicalizado que se proponía llevar a la práctica las teorías del foco guerrillero y la resistencia urbana cuando fue abortado en estado embrionario.
Entre referentes de las nuevas generaciones que se inspiran en la epopeya de la OPM se encuentra el supuesto guevarista Camilo Soares, un conocido favorecido de la National Endowment For Democracy, fondos de USAID manejados por el embajador norteamericano James Cason, y donaciones de la Inter American Foundation controlada por George W. Bush. Para hacerse una idea de lo contradictorio de este personaje, basta saber que en Paraguay se lo asocia con un grupo vinculado a un secuestro y asesinato llevado a cabo en Paraguay a fines del año 2004 y 2005, realizado con el apoyo de las FARC.
Hoy estos agentes del entramado IAF-NED-USAID sirven a los intereses de Estados Unidos como Ben Laden cuando apoyó a la CIA contra la URSS en Afganistán. En Washington, nadie tomó entonces en cuenta las terribles consecuencias del patrocinio a estos hombres, negligencia por la que pagaron un alto precio del 11 de septiembre de 2001.
Luis Agüero Wagner
miércoles, 16 de abril de 2008
miércoles, 9 de abril de 2008
LA IZQUIERDA Y LA ROSCA MAFIOSA DE LA PRENSA
(LUIS AGÜERO WAGNER)
La conexión francesa es una laureada producción cinematográfica de Hollywood filmada en la década de 1970, que recrea los entretelones del tráfico de heroína nieve blanca de Marsella desde el triángulo dorado de Birmania a las calles de las grandes ciudades norteamericanas.
Una de las piezas claves del negocio era un ex colaboracionista con los nazis durante la ocupación de París, radicado en el Paraguay del dictador Stroessner, el traficante Lucien Darguelles.
Darguelles, más conocido como Auguste Ricord, mantenía vínculos con los criminales de guerra nazis ocultos en Sudamérica a través de la red Odessa, y prosperaba en el tráfico de drogas desde su base paraguaya merced a la protección del régimen militar.
Gran parte del dinero ganado introduciendo heroína en el mercado norteamericano se invertiría en el rubro de la comunicación, dado que los principales protectores y beneficiarios del negocio con el tiempo se convertirían en los zares de la prensa paraguaya. Esta es una de las paradojas más marcadas del actual proselitismo paraguayo con miras a las elecciones del 20 de abril, considerando el respaldo incondicional a la oposición -que dice combatir a la rosca mafiosa- prodigado desde el ámbito de los medios, la mayoría de ellos subproducto del desarrollo del capitalismo de mafias florecido al amparo de una dictadura anticomunista.
La propaganda política de estos medios, saturados por ataques panfletarios a líderes políticos que no se arrodillan ante sus designios, pretende hoy convencer a la opinión pública que en beneficio del interés general de la sociedad paraguaya hoy respaldan a un supuesto candidato de la izquierda, el obispo Fernando Lugo. Entre los puntales de dicha candidatura “marxista”, aparecen los núcleos empresariales más poderosos del país, dueños de las más grandes fortunas mal habidas de su historia y portadores del más burdo discurso anticomunista imaginable.
Entre ellos aparece el grupo Zuccolillo, que cuenta con activos por valor de 1.200 millones de dólares. Productos del enriquecimiento ilícito, el contrabando, la triangulación, el narcotráfico y décadas de impunidad, los principales medios masivos de comunicación pertenecen a los miembros de la clase dominante paraguaya, cuyos integrantes los utilizan para presionar a la clase política, extorsionar a la burocracia estatal, promocionar a los grupos funcionales a sus intereses, hacer buenos negocios y además incidir en la construcción de la realidad social del país.
El segundo diario en importancia de la capital paraguaya, Ultima Hora, tiene una historia indisolublemente ligada a la dictadura del general Stroessner desde el momento que fue montado con dinero público proveniente de las arcas de la intendencia, complementado por recursos desviados con la venia del dictador de otras empresas públicas como el Banco Nacional de Fomento, la Flota Mercante del Estado e IPS. El hijo del administrador de Stroessner, el coronel Pablo Rojas, fue ubicado como director del diario Ultima Hora, a pesar de lo cual - imitando a su colega ABC color- pretende presentarse como baluarte de la democracia y vocero de los intereses sacrosantos de la patria.
Con el transcurso del tiempo Ultima Hora acabó asimilado a las empresas de Antonio J. Vierci, cuyos activos aparecen entre las diez fortunas más grandes del Paraguay en el libro “Dossier Paraguay” del investigador Aníbal Miranda, fallecido en sospechosas circunstancias presentadas como un suicidio. Miranda calculó hace unos pocos años en unos 800 millones de dólares la fortuna de Vierci, grupo que está formó recientemente su propia empresa de multimedia, ya que a Canal 4 Telefuturo le sumó la compra del Diario Ultima Hora y la adquisición de varias emisoras de radio.
A través de sus medios este grupo empresarial, florecido con el contrabando de escocés y cigarrillos, se dedica a tirotear contra los burócratas del ministerio de Hacienda que le exigen ponerse al día con sus impuestos, contra los técnicos que buscan formalizar la política tributaria, y contra todo lo que pueda perjudicar al bendito sector agro-exportador que siembra soja transgénica, promueve el éxodo de compatriotas a España y países limítrofes apropiándose de sus tierras, contamina los suelos con herbicidas, deforesta y desertifica los campos paraguayos , destruye las rutas y la infraestructura del país con sus acoplados y todo ello sin pagar un centavo en impuestos.
Si el gobierno exige el pago de sus impuestos o alguna contraprestación por los beneficios obtenidos a algún empresario de la soja, Ultima Hora es el primer diario en poner el grito en el cielo. Cuando se habla del problema de la migración de paraguayos a otros países en busca de fuentes de trabajo, el único culpable para Ultima Hora es el gobierno, aunque la incidencia de las plantaciones de soja y los rociados de pesticidas sea una de sus principales causantes.
La mayoría de los periodistas destacados de Ultima Hora reciben fuertes sumas de fundaciones vinculadas a las organizaciones de la ultraderecha del partido republicano de Estados Unidos, y los medios vinculados al diario como el canal de televisión Telefuturo se abocan a promover el mal gusto y la banalidad de los enlatados y los reality shows importados.
El pensador uruguayo Eduardo Galeano escribió en uno de sus ensayos que el problema con la publicidad de la televisión banal es que mientras hace agua la boca al televidente con su publicidad, luego pide que la policía expulse de la mesa al que no puede pagar la cuenta. Una metáfora de la misma paradoja parece ofertarse hoy desde estos medios que aunque brillan en la promoción del pensamiento a-social, a-histórico y a-crítico dentro de la sociedad paraguaya, pretenden convencernos de sus elevadas metas en cuanto al saneamiento político con una candidatura fabricada en los laboratorios de marketing y encuestas de la rosca mafiosa de la prensa paraguaya.
Luís Agüero Wagner
La conexión francesa es una laureada producción cinematográfica de Hollywood filmada en la década de 1970, que recrea los entretelones del tráfico de heroína nieve blanca de Marsella desde el triángulo dorado de Birmania a las calles de las grandes ciudades norteamericanas.
Una de las piezas claves del negocio era un ex colaboracionista con los nazis durante la ocupación de París, radicado en el Paraguay del dictador Stroessner, el traficante Lucien Darguelles.
Darguelles, más conocido como Auguste Ricord, mantenía vínculos con los criminales de guerra nazis ocultos en Sudamérica a través de la red Odessa, y prosperaba en el tráfico de drogas desde su base paraguaya merced a la protección del régimen militar.
Gran parte del dinero ganado introduciendo heroína en el mercado norteamericano se invertiría en el rubro de la comunicación, dado que los principales protectores y beneficiarios del negocio con el tiempo se convertirían en los zares de la prensa paraguaya. Esta es una de las paradojas más marcadas del actual proselitismo paraguayo con miras a las elecciones del 20 de abril, considerando el respaldo incondicional a la oposición -que dice combatir a la rosca mafiosa- prodigado desde el ámbito de los medios, la mayoría de ellos subproducto del desarrollo del capitalismo de mafias florecido al amparo de una dictadura anticomunista.
La propaganda política de estos medios, saturados por ataques panfletarios a líderes políticos que no se arrodillan ante sus designios, pretende hoy convencer a la opinión pública que en beneficio del interés general de la sociedad paraguaya hoy respaldan a un supuesto candidato de la izquierda, el obispo Fernando Lugo. Entre los puntales de dicha candidatura “marxista”, aparecen los núcleos empresariales más poderosos del país, dueños de las más grandes fortunas mal habidas de su historia y portadores del más burdo discurso anticomunista imaginable.
Entre ellos aparece el grupo Zuccolillo, que cuenta con activos por valor de 1.200 millones de dólares. Productos del enriquecimiento ilícito, el contrabando, la triangulación, el narcotráfico y décadas de impunidad, los principales medios masivos de comunicación pertenecen a los miembros de la clase dominante paraguaya, cuyos integrantes los utilizan para presionar a la clase política, extorsionar a la burocracia estatal, promocionar a los grupos funcionales a sus intereses, hacer buenos negocios y además incidir en la construcción de la realidad social del país.
El segundo diario en importancia de la capital paraguaya, Ultima Hora, tiene una historia indisolublemente ligada a la dictadura del general Stroessner desde el momento que fue montado con dinero público proveniente de las arcas de la intendencia, complementado por recursos desviados con la venia del dictador de otras empresas públicas como el Banco Nacional de Fomento, la Flota Mercante del Estado e IPS. El hijo del administrador de Stroessner, el coronel Pablo Rojas, fue ubicado como director del diario Ultima Hora, a pesar de lo cual - imitando a su colega ABC color- pretende presentarse como baluarte de la democracia y vocero de los intereses sacrosantos de la patria.
Con el transcurso del tiempo Ultima Hora acabó asimilado a las empresas de Antonio J. Vierci, cuyos activos aparecen entre las diez fortunas más grandes del Paraguay en el libro “Dossier Paraguay” del investigador Aníbal Miranda, fallecido en sospechosas circunstancias presentadas como un suicidio. Miranda calculó hace unos pocos años en unos 800 millones de dólares la fortuna de Vierci, grupo que está formó recientemente su propia empresa de multimedia, ya que a Canal 4 Telefuturo le sumó la compra del Diario Ultima Hora y la adquisición de varias emisoras de radio.
A través de sus medios este grupo empresarial, florecido con el contrabando de escocés y cigarrillos, se dedica a tirotear contra los burócratas del ministerio de Hacienda que le exigen ponerse al día con sus impuestos, contra los técnicos que buscan formalizar la política tributaria, y contra todo lo que pueda perjudicar al bendito sector agro-exportador que siembra soja transgénica, promueve el éxodo de compatriotas a España y países limítrofes apropiándose de sus tierras, contamina los suelos con herbicidas, deforesta y desertifica los campos paraguayos , destruye las rutas y la infraestructura del país con sus acoplados y todo ello sin pagar un centavo en impuestos.
Si el gobierno exige el pago de sus impuestos o alguna contraprestación por los beneficios obtenidos a algún empresario de la soja, Ultima Hora es el primer diario en poner el grito en el cielo. Cuando se habla del problema de la migración de paraguayos a otros países en busca de fuentes de trabajo, el único culpable para Ultima Hora es el gobierno, aunque la incidencia de las plantaciones de soja y los rociados de pesticidas sea una de sus principales causantes.
La mayoría de los periodistas destacados de Ultima Hora reciben fuertes sumas de fundaciones vinculadas a las organizaciones de la ultraderecha del partido republicano de Estados Unidos, y los medios vinculados al diario como el canal de televisión Telefuturo se abocan a promover el mal gusto y la banalidad de los enlatados y los reality shows importados.
El pensador uruguayo Eduardo Galeano escribió en uno de sus ensayos que el problema con la publicidad de la televisión banal es que mientras hace agua la boca al televidente con su publicidad, luego pide que la policía expulse de la mesa al que no puede pagar la cuenta. Una metáfora de la misma paradoja parece ofertarse hoy desde estos medios que aunque brillan en la promoción del pensamiento a-social, a-histórico y a-crítico dentro de la sociedad paraguaya, pretenden convencernos de sus elevadas metas en cuanto al saneamiento político con una candidatura fabricada en los laboratorios de marketing y encuestas de la rosca mafiosa de la prensa paraguaya.
Luís Agüero Wagner
TERRORISMO MEDIÁTICO Y TERRORISTAS CONVENCIONALES
TERRORISMO MEDIÁTICO Y TERRORISTAS CONVENCIONALES
(Luís Agüero Wagner)
Constituirse en figura emblemática del terrorismo mediático no excluye la posibilidad de ejercer el terrorismo convencional, y prueba de ello lo constituye la trayectoria de algunos propietarios de medios de comunicación de Paraguay, capaces de justificar el asesinato del vicepresidente de la república con la excusa de que ya estaba muerto antes del crimen, o de exculpar a involucrados en secuestros cuando son funcionales a sus intereses políticos.
Cuando en marzo de 1999 fueron asesinados ocho jóvenes en una sangrienta represión, ABC color de la capital paraguaya defendió por meses a los asesinos intentando confundir a las autoridades y a la opinión pública difundiendo versiones descabelladas rayanas en lo ridículo. Entre ellas afirmaba que algunos parlamentarios habían trepado al techo del edificio del Congreso y desde allí habían disparado contra sus propios partidarios para victimizarlos y promover la caída del gobierno. La versión respondía a que el dueño del diario tenía varios negocios comprometidos con el gobierno en cuestión, e intentaba reanimar políticamente a sus socios en desgracia.
Monopolizados por lacayos del imperio norteamericano, estos medios han hecho siempre la apología de la imposición absoluta de los designios de Washington como destino global inevitable, aún cuando ello implicaba defender en sus editoriales el terrorismo de estado de dictaduras militares o la internacional del Terror que dio en llamarse Operativo Cóndor. No les importa el terrorismo, obviamente, cuando es ejercido contra Bolivia, Cuba o Nicaragua, o contra Panamá donde fueron incineradas 5000 personas, o los treinta mil desaparecidos por gobiernos anticomunistas en Argentina. En el caso del diario ABC color de Aldo Zucolillo, tiene prohibido a sus periodistas hablar del asesinato de Orlando Letelier, en un atentado terrorista ejecutado en Washington, porque en él tuvo participación el cuñado del propietario del medio. Tampoco se puede criticar en ese diario al desaparecido dictador chileno Augusto Pinochet, aún cuando hoy pretenda engañar a la opinión pública nacional e internacional con el cuento de la candidatura izquierdista del Obispo Fernando Lugo, cuyos principales impulsores y allegados son los exponentes de un partido neoliberal, un ex ministro de Hacienda abyecto a los designios del FMI y activistas financiados por USAID.
El mismo diario acusó en su primera plana, en abril de 1976, de pertenecer a una célula terrorista a la mayoría de los militantes del movimiento Tekojoja, adicto al obispo Fernando Lugo, pero hoy ha vuelto sobre sus pasos para promocionarlos como los salvadores de la patria. En aquel entonces ABC brindaba su respaldo incondicional a la dictadura y desde sus páginas colaboraba así con la caza de brujas desatada por la policía política contra un grupo radical opositor al gobierno, a cuyos dirigentes presentaba en su tapa como criminales buscados y pedía a la ciudadanía que colaborara con la represión. Hoy el diario es un entusiasta propagandista de estos “terroristas” porque son funcionales a sus deseos de crear disturbios en el MERCOSUR con anacrónicos reclamos sobre tratados internacionales con Argentina y Brasil.
Es frecuente que esta prensa magnifique hasta el infinito pequeños incidentes en la frontera con Argentina o Brasil y los presente en primera plana como poco menos que casus belli. Para no ir lejos, en la fecha de hoy, presenta un titular alarmista en tapa con letras de tamañao catástrofe afirmando que un alto funcionario del Brasil amenaza al Paraguay, contextualización descabellada de las declaraciones de un funcionario retirado del servicio exterior brasileño.
Alarmados por el avance de la izquierda y la proximidad del fenómeno de Evo Morales en Bolivia, Zucolillo y ABC se empeñaron en demostrar que el presidente boliviano había iniciado una carrera armamentista para invadir Paraguay con el respaldo de Hugo Chávez, en un esfuerzo por indisponer a la opinión pública con el país vecino.
Ese mismo chauvinismo y antiimperialismo selectivo no se manifiesta cuando las autoridades o intituciones paraguayas son avasalladas e insultadas por la embajada norteamericana de Asunción, que tiene comprados a la mayoría de los comunicadores destacados, que hacen la vista gorda ante el intervencionismo del imperio.
Así el país que batió todos los récords de terrorismo a lo largo y ancho de los cinco continentes, que arrojó bombas nucleares exterminando a cientos de miles de inocentes civiles en 1945, que utilizó armas químicas contra poblaciones indefensas en la península de Indochina, que inspiró y sufragó genocidios desde Indonesia a Sudamérica, que decretó asesinatos de jefes de estado como Salvador Allende o Patricio Lumumba, que utilizó a seres humanos para experimentos neo nazis, que propició más de 5.200 violaciones de soberanías nacionales tan sólo en Latinoamérica, que se constituyó hoy en el principal contaminante ambiental del mundo y protagónica amenaza a la supervivencia de la humanidad, es también quien administra las nóminas y credenciales de terrorismo y las impone a la prensa de Paraguay.
Son puras trivialidades para estos medios las masacres de decenas de miles de centroamericanos, hecatombes como los bombardeos sobre Bagdad o Kosovo, carnicerías contra Sudán y Somalía. Con frecuencia son defendidos desde la tribuna periodística paraguaya George W. Bush, Sharon, Somoza, Stroessner, Uribe y tantos otros filántropos de feliz memoria. Tanta vista gorda se explica por el fluido tránsito de dólares desde la National Endowment for Democracy, institución alternativa a la CIA, hacia los bolsillos de empresarios de comunicación, becas, viajes pagados y otras dádivas hacia los periodistas estrellas.
Es que el avance en la carrera periodística, cuya cúspide en Paraguay la constituye convertirse en propagandista de los intereses norteamericanos a sueldo de IAF, NED y USAID, es proporcional al servilismo a los intereses de un núcleo duro de adinerados empresarios que amasaron fortuna durante la dictadura anticomunista, y que montaron sus medios con dinero público distraído con la anuencia del dictador.
Luis Agüero Wagner
(Luís Agüero Wagner)
Constituirse en figura emblemática del terrorismo mediático no excluye la posibilidad de ejercer el terrorismo convencional, y prueba de ello lo constituye la trayectoria de algunos propietarios de medios de comunicación de Paraguay, capaces de justificar el asesinato del vicepresidente de la república con la excusa de que ya estaba muerto antes del crimen, o de exculpar a involucrados en secuestros cuando son funcionales a sus intereses políticos.
Cuando en marzo de 1999 fueron asesinados ocho jóvenes en una sangrienta represión, ABC color de la capital paraguaya defendió por meses a los asesinos intentando confundir a las autoridades y a la opinión pública difundiendo versiones descabelladas rayanas en lo ridículo. Entre ellas afirmaba que algunos parlamentarios habían trepado al techo del edificio del Congreso y desde allí habían disparado contra sus propios partidarios para victimizarlos y promover la caída del gobierno. La versión respondía a que el dueño del diario tenía varios negocios comprometidos con el gobierno en cuestión, e intentaba reanimar políticamente a sus socios en desgracia.
Monopolizados por lacayos del imperio norteamericano, estos medios han hecho siempre la apología de la imposición absoluta de los designios de Washington como destino global inevitable, aún cuando ello implicaba defender en sus editoriales el terrorismo de estado de dictaduras militares o la internacional del Terror que dio en llamarse Operativo Cóndor. No les importa el terrorismo, obviamente, cuando es ejercido contra Bolivia, Cuba o Nicaragua, o contra Panamá donde fueron incineradas 5000 personas, o los treinta mil desaparecidos por gobiernos anticomunistas en Argentina. En el caso del diario ABC color de Aldo Zucolillo, tiene prohibido a sus periodistas hablar del asesinato de Orlando Letelier, en un atentado terrorista ejecutado en Washington, porque en él tuvo participación el cuñado del propietario del medio. Tampoco se puede criticar en ese diario al desaparecido dictador chileno Augusto Pinochet, aún cuando hoy pretenda engañar a la opinión pública nacional e internacional con el cuento de la candidatura izquierdista del Obispo Fernando Lugo, cuyos principales impulsores y allegados son los exponentes de un partido neoliberal, un ex ministro de Hacienda abyecto a los designios del FMI y activistas financiados por USAID.
El mismo diario acusó en su primera plana, en abril de 1976, de pertenecer a una célula terrorista a la mayoría de los militantes del movimiento Tekojoja, adicto al obispo Fernando Lugo, pero hoy ha vuelto sobre sus pasos para promocionarlos como los salvadores de la patria. En aquel entonces ABC brindaba su respaldo incondicional a la dictadura y desde sus páginas colaboraba así con la caza de brujas desatada por la policía política contra un grupo radical opositor al gobierno, a cuyos dirigentes presentaba en su tapa como criminales buscados y pedía a la ciudadanía que colaborara con la represión. Hoy el diario es un entusiasta propagandista de estos “terroristas” porque son funcionales a sus deseos de crear disturbios en el MERCOSUR con anacrónicos reclamos sobre tratados internacionales con Argentina y Brasil.
Es frecuente que esta prensa magnifique hasta el infinito pequeños incidentes en la frontera con Argentina o Brasil y los presente en primera plana como poco menos que casus belli. Para no ir lejos, en la fecha de hoy, presenta un titular alarmista en tapa con letras de tamañao catástrofe afirmando que un alto funcionario del Brasil amenaza al Paraguay, contextualización descabellada de las declaraciones de un funcionario retirado del servicio exterior brasileño.
Alarmados por el avance de la izquierda y la proximidad del fenómeno de Evo Morales en Bolivia, Zucolillo y ABC se empeñaron en demostrar que el presidente boliviano había iniciado una carrera armamentista para invadir Paraguay con el respaldo de Hugo Chávez, en un esfuerzo por indisponer a la opinión pública con el país vecino.
Ese mismo chauvinismo y antiimperialismo selectivo no se manifiesta cuando las autoridades o intituciones paraguayas son avasalladas e insultadas por la embajada norteamericana de Asunción, que tiene comprados a la mayoría de los comunicadores destacados, que hacen la vista gorda ante el intervencionismo del imperio.
Así el país que batió todos los récords de terrorismo a lo largo y ancho de los cinco continentes, que arrojó bombas nucleares exterminando a cientos de miles de inocentes civiles en 1945, que utilizó armas químicas contra poblaciones indefensas en la península de Indochina, que inspiró y sufragó genocidios desde Indonesia a Sudamérica, que decretó asesinatos de jefes de estado como Salvador Allende o Patricio Lumumba, que utilizó a seres humanos para experimentos neo nazis, que propició más de 5.200 violaciones de soberanías nacionales tan sólo en Latinoamérica, que se constituyó hoy en el principal contaminante ambiental del mundo y protagónica amenaza a la supervivencia de la humanidad, es también quien administra las nóminas y credenciales de terrorismo y las impone a la prensa de Paraguay.
Son puras trivialidades para estos medios las masacres de decenas de miles de centroamericanos, hecatombes como los bombardeos sobre Bagdad o Kosovo, carnicerías contra Sudán y Somalía. Con frecuencia son defendidos desde la tribuna periodística paraguaya George W. Bush, Sharon, Somoza, Stroessner, Uribe y tantos otros filántropos de feliz memoria. Tanta vista gorda se explica por el fluido tránsito de dólares desde la National Endowment for Democracy, institución alternativa a la CIA, hacia los bolsillos de empresarios de comunicación, becas, viajes pagados y otras dádivas hacia los periodistas estrellas.
Es que el avance en la carrera periodística, cuya cúspide en Paraguay la constituye convertirse en propagandista de los intereses norteamericanos a sueldo de IAF, NED y USAID, es proporcional al servilismo a los intereses de un núcleo duro de adinerados empresarios que amasaron fortuna durante la dictadura anticomunista, y que montaron sus medios con dinero público distraído con la anuencia del dictador.
Luis Agüero Wagner
martes, 8 de abril de 2008
DECADENCIA DE LOS FANTOCHES DE LA SIP
DECADENCIA DE LOS FANTOCHES DE LA SIP
(Luis Agüero Wagner)
La creación de la SIP, nacida bajo los mejores augurios en Nueva York en 1950, fue una operación en que la inteligencia estadounidense pirateó descaradamente la organización panamericana legítima creada en La Habana en 1943. La SIP fue una criatura creada por la CIA, y como tal desde el comienzo evidenció sus objetivos de utilizar a la prensa como herramienta de dominación neo colonial en beneficio del imperio y de las oligarquías latinoamericanas. Sus fundadores y dirigentes máximos, los que sentaron las bases de su funcionamiento y orientación ideológica marcadamente anticomunista, fueron los agentes de la CIA Jules Dubois y Joshua Powers, y el funcionario del Departamento de Estado, Tom Wallace.
Dubois, un Coronel de la inteligencia militar norteamericana que posteriormente devino en corresponsal del Chicago Tribune en Latinoamérica, y que llegó a ganarse diatribas del mismo Juan Domingo Perón, presidió la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP hasta su muerte. Fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años en un hotel de Bogotá, los restos de Dubois hoy yacen en Arlington junto a despojos de varios presidentes norteamericanos
Aunque el mundo del periodismo casi lo haya olvidado hoy, el ilustre Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. En dicha obra Rivera condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (caricaturizado con la forma de una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.
Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush –abuelo del presidente George W. Bush– quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como una gloriosa victoria. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Aquel golpe llevó al arresto de más de 12 mil personas, disolvió gremios y sentó el más grave precedente para la subsiguiente guerra civil que causó estragos en Guatemala.
El edificio que alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida de Miami, lleva el nombre de Dubois.
Hoy podría decirse que la SIP se mantuvo alo largo de su poco más de medio siglo de existencia, estrictamente fiel a la tradición de sus padres fundadores.
En el curso de los años, la asociación de magnates de la prensa comercial que fundara Dubois distorsionó informaciones sobre las guerras de Indochina y África en beneficio del imperio, infiltró la UNESCO, para defender el control de la información por el sector privado; participó en la propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende; y se mantuvo bien callada durante el golpe contra el presidente Hugo Chávez. Mientras nunca se perdió una oportunidad de atacar a Cuba.
Ello explica la conducta complaciente mantenida durante decenios con las brutales tiranías latinoamericanas, aún ante los casos de asesinatos de periodistas, la clausura de medios y el establecimiento de períodos de censura, casi siempre aplicados contra publicaciones de izquierda.
En Cuba, por ejemplo, la misma SIP que mantuvo silencio cómplice en los años sangrientos de la dictadura de Fulgencio Batista. Otro tanto hicieron sus personeros en Paraguay, donde sus referentes principales no sólo callaron los abusos de Stroessner sino hasta defendieron al dictador en sus editoriales, del mismo modo que dedicaron loas y panegíricos a Videla y Pinochet.
De Reporteros sin Fronteras (RSF) se puede decir otro tanto, solo que esta constituye un engendro, quizás más elaborado que la SIP, de la CIA, la NED y la USAID, agencias federales norteamericanas dedicadas a financiar, con sumas millonarias, la confusión ideológica y la subversión contra gobiernos de arraigo popular. Robert Menard, con nada de periodista y mucho de millonario, por obra y gracia de sus patrocinadores imperialistas, es otro Jules Dubois, enfrascado en elaborar listas complacientes para hacer el trabajo sucio del Departamento de Estado y la Casa Blanca. Lo corrobora con sus últimas falacias en las que intenta dar justificación al asesinato del camarógrafo español José Cousso, muerto a manos de un tanque norteamericano en el corazón del Bagdad ocupado.
Basta este solo ejemplo para comprender que la libertad para imponer la visión del mundo que responde a sus intereses, aún a costa de mentir, engañar o tergiversar es todo lo que defienden la SIP y RSF.
En los últimos años, la SIP ha uniformado todas sus intervenciones públicas utilizando los conceptos más agresivos de la retórica del Departamento de Estado norteamericano contra Cuba y Venezuela, en coordinación con otras organizaciones financiadas por Washington, tales como Reporteros Sin Fronteras.
La SIP ha sido definida como un núcleo duro de grandes fortunas latinoamericanas que pretenden representar a la libertad de prensa, aunque abunden en su nómina exponentes de intereses contrapuestos a los que proclama.
Un directivo de la SIP, Danilo Arvilla de Uruguay, prohibió en junio de 1973 la divulgación de todo tipo de información, como Ministro de Comunicación del presidente golpista Juan María Bordaberry. Arvilla ordenó el cierre de nada más y nada menos que 173 medios de comunicación. Otra joya de la SIP es el dueño del diario ABC color de la capital paraguaya, Aldo Zucolillo, antiguo financista del centro de detenciones y torturas de la dictadura de Stroessner y alabardero de Videla, hoy entusiasta impulsor de la candidatura del obispo Fernando Lugo a pesar de que este candidato anuncia medidas de mordaza contra la prensa si accede a la presidencia del Paraguay. Al contrario de lo que repite la prensa manejada por Zucolillo, la candidatura de Lugo es sólo una evidente operación planificada en la embajada norteamericana ocupada por James Cason. El objetivo manifiesto sería deshacerse del actual partido de gobierno en Paraguay, que se ha vuelto incómodo para Washington por sus estrechos vínculos con el MERCOSUR en desmedro de intereses norteamericanos.
Para lograr esta meta, Zucolillo ha venido promocionando a conocidos receptores de dólares de IAF, la Nacional Endowment for Democracy o USAID, como Camilo Soares, los financistas de Tekojoja y otras organizaciones financiadas con la lluvia de dólares de George W. Bush, en una burda maniobra que pretende presentar ante la opinión pública paraguaya como referentes de la izquierda a personeros de la embajada norteamericana de Asunción. Esto como si un antiguo favorecido del comisionado de la CIA Leonard Sussman, conocido por su maccartismo galopante y su apasionada defensa de Pinochet, Videla, Stroessner, así como por los subsidios recibidos de la National Endowment for Democracy por el diario ABC color, pudieran de la noche a la mañana conferir credenciales izquierdistas.
Hecho elocuente, en una de sus últimas reuniones en Miami, la SIP tuvo como invitada en su Gala de Premiación a la periodista Patricia Poleo, sospechosa de ser la autora intelectual del asesinato del Fiscal Danilo Anderson. Patricia Poleo, hija del magnate Rafael Poleo, es identificada en Miami como otra colaboradora de la CIA y se beneficia de la protección otorgada por la administración Bush a los terroristas.
Hace pocas semanas se volvieron a reunir en Caracas estos empresarios de la prensa, integrantes del cártel de la desinformación, árbitros del pensamiento políticamente correcto y dueños de lo que se puede pensar o decir en el continente. Pero esta vez el cónclave de la patronal de la comunicación autodenominada Sociedad Interamericana de prensa enfrentó no sólo su propio desgaste natural, también la indiferencia de sus amos de Washington para quienes se está volviendo notoriamente inútil.
Es que la cofradía maccartista de la SIP ya no es la de antes, y la omnipotencia de ayer se ha ido barrida como las hojas secas de un árbol viejo, llevándose gran parte de sus delirios de poder paralelo con la finalización de la guerra fría.
Igual que otros antiguos favorecidos del imperio, hoy nuestros héroes de la prensa ven esfumarse sus privilegios por la falta de un contexto internacional que les permitía abusos en nombre de la polaridad este y oeste. La SIP ha ingresado a una etapa de franca decadencia y de héroes de la propaganda imperialista hoy han pasado a ser simples villanos y parásitos que ya no se justifican como antaño ante los ojos de sus amos.
La suerte de Ben Laden, Somoza, Stroessner, Pinochet, Mobutu, Savimbi y otros tantos caídos en desgracia con sus titiriteros del norte, la temida caída final, es todo lo que hoy le queda por delante a los fantoches de la SIP.
Luis Agüero Wagner
(Luis Agüero Wagner)
La creación de la SIP, nacida bajo los mejores augurios en Nueva York en 1950, fue una operación en que la inteligencia estadounidense pirateó descaradamente la organización panamericana legítima creada en La Habana en 1943. La SIP fue una criatura creada por la CIA, y como tal desde el comienzo evidenció sus objetivos de utilizar a la prensa como herramienta de dominación neo colonial en beneficio del imperio y de las oligarquías latinoamericanas. Sus fundadores y dirigentes máximos, los que sentaron las bases de su funcionamiento y orientación ideológica marcadamente anticomunista, fueron los agentes de la CIA Jules Dubois y Joshua Powers, y el funcionario del Departamento de Estado, Tom Wallace.
Dubois, un Coronel de la inteligencia militar norteamericana que posteriormente devino en corresponsal del Chicago Tribune en Latinoamérica, y que llegó a ganarse diatribas del mismo Juan Domingo Perón, presidió la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP hasta su muerte. Fallecido el 16 de agosto de 1966, a la edad de 56 años en un hotel de Bogotá, los restos de Dubois hoy yacen en Arlington junto a despojos de varios presidentes norteamericanos
Aunque el mundo del periodismo casi lo haya olvidado hoy, el ilustre Dubois fue retratado por el pintor mexicano Diego Rivera en el mural Gloriosa Victoria. En dicha obra Rivera condena al golpe militar promovido en Guatemala por la CIA y la empresa bananera United Fruit en junio de 1954. En ella aparecen dibujados, además de Dubois, el presidente Dwight Eisenhower (caricaturizado con la forma de una bomba), el dictador guatemalteco Carlos Castillo Armas, el embajador norteamericano John Emil Peurifoy y el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano mayor de Allen Welsh Dulles, ex presidente de la United Fruit y primer director civil de la CIA en 1953.
Fue precisamente John Foster Dulles, ex asesor legal de la compañía bananera y abogado de Prescott Bush –abuelo del presidente George W. Bush– quien calificó al derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz y la imposición de Castillo Armas como una gloriosa victoria. De ahí el título elegido por Diego Rivera para su mural. Aquel golpe llevó al arresto de más de 12 mil personas, disolvió gremios y sentó el más grave precedente para la subsiguiente guerra civil que causó estragos en Guatemala.
El edificio que alberga las instalaciones de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ubicado en el número 1801 South West de la Tercera Avenida de Miami, lleva el nombre de Dubois.
Hoy podría decirse que la SIP se mantuvo alo largo de su poco más de medio siglo de existencia, estrictamente fiel a la tradición de sus padres fundadores.
En el curso de los años, la asociación de magnates de la prensa comercial que fundara Dubois distorsionó informaciones sobre las guerras de Indochina y África en beneficio del imperio, infiltró la UNESCO, para defender el control de la información por el sector privado; participó en la propaganda sucia contra el gobierno democrático de Salvador Allende; y se mantuvo bien callada durante el golpe contra el presidente Hugo Chávez. Mientras nunca se perdió una oportunidad de atacar a Cuba.
Ello explica la conducta complaciente mantenida durante decenios con las brutales tiranías latinoamericanas, aún ante los casos de asesinatos de periodistas, la clausura de medios y el establecimiento de períodos de censura, casi siempre aplicados contra publicaciones de izquierda.
En Cuba, por ejemplo, la misma SIP que mantuvo silencio cómplice en los años sangrientos de la dictadura de Fulgencio Batista. Otro tanto hicieron sus personeros en Paraguay, donde sus referentes principales no sólo callaron los abusos de Stroessner sino hasta defendieron al dictador en sus editoriales, del mismo modo que dedicaron loas y panegíricos a Videla y Pinochet.
De Reporteros sin Fronteras (RSF) se puede decir otro tanto, solo que esta constituye un engendro, quizás más elaborado que la SIP, de la CIA, la NED y la USAID, agencias federales norteamericanas dedicadas a financiar, con sumas millonarias, la confusión ideológica y la subversión contra gobiernos de arraigo popular. Robert Menard, con nada de periodista y mucho de millonario, por obra y gracia de sus patrocinadores imperialistas, es otro Jules Dubois, enfrascado en elaborar listas complacientes para hacer el trabajo sucio del Departamento de Estado y la Casa Blanca. Lo corrobora con sus últimas falacias en las que intenta dar justificación al asesinato del camarógrafo español José Cousso, muerto a manos de un tanque norteamericano en el corazón del Bagdad ocupado.
Basta este solo ejemplo para comprender que la libertad para imponer la visión del mundo que responde a sus intereses, aún a costa de mentir, engañar o tergiversar es todo lo que defienden la SIP y RSF.
En los últimos años, la SIP ha uniformado todas sus intervenciones públicas utilizando los conceptos más agresivos de la retórica del Departamento de Estado norteamericano contra Cuba y Venezuela, en coordinación con otras organizaciones financiadas por Washington, tales como Reporteros Sin Fronteras.
La SIP ha sido definida como un núcleo duro de grandes fortunas latinoamericanas que pretenden representar a la libertad de prensa, aunque abunden en su nómina exponentes de intereses contrapuestos a los que proclama.
Un directivo de la SIP, Danilo Arvilla de Uruguay, prohibió en junio de 1973 la divulgación de todo tipo de información, como Ministro de Comunicación del presidente golpista Juan María Bordaberry. Arvilla ordenó el cierre de nada más y nada menos que 173 medios de comunicación. Otra joya de la SIP es el dueño del diario ABC color de la capital paraguaya, Aldo Zucolillo, antiguo financista del centro de detenciones y torturas de la dictadura de Stroessner y alabardero de Videla, hoy entusiasta impulsor de la candidatura del obispo Fernando Lugo a pesar de que este candidato anuncia medidas de mordaza contra la prensa si accede a la presidencia del Paraguay. Al contrario de lo que repite la prensa manejada por Zucolillo, la candidatura de Lugo es sólo una evidente operación planificada en la embajada norteamericana ocupada por James Cason. El objetivo manifiesto sería deshacerse del actual partido de gobierno en Paraguay, que se ha vuelto incómodo para Washington por sus estrechos vínculos con el MERCOSUR en desmedro de intereses norteamericanos.
Para lograr esta meta, Zucolillo ha venido promocionando a conocidos receptores de dólares de IAF, la Nacional Endowment for Democracy o USAID, como Camilo Soares, los financistas de Tekojoja y otras organizaciones financiadas con la lluvia de dólares de George W. Bush, en una burda maniobra que pretende presentar ante la opinión pública paraguaya como referentes de la izquierda a personeros de la embajada norteamericana de Asunción. Esto como si un antiguo favorecido del comisionado de la CIA Leonard Sussman, conocido por su maccartismo galopante y su apasionada defensa de Pinochet, Videla, Stroessner, así como por los subsidios recibidos de la National Endowment for Democracy por el diario ABC color, pudieran de la noche a la mañana conferir credenciales izquierdistas.
Hecho elocuente, en una de sus últimas reuniones en Miami, la SIP tuvo como invitada en su Gala de Premiación a la periodista Patricia Poleo, sospechosa de ser la autora intelectual del asesinato del Fiscal Danilo Anderson. Patricia Poleo, hija del magnate Rafael Poleo, es identificada en Miami como otra colaboradora de la CIA y se beneficia de la protección otorgada por la administración Bush a los terroristas.
Hace pocas semanas se volvieron a reunir en Caracas estos empresarios de la prensa, integrantes del cártel de la desinformación, árbitros del pensamiento políticamente correcto y dueños de lo que se puede pensar o decir en el continente. Pero esta vez el cónclave de la patronal de la comunicación autodenominada Sociedad Interamericana de prensa enfrentó no sólo su propio desgaste natural, también la indiferencia de sus amos de Washington para quienes se está volviendo notoriamente inútil.
Es que la cofradía maccartista de la SIP ya no es la de antes, y la omnipotencia de ayer se ha ido barrida como las hojas secas de un árbol viejo, llevándose gran parte de sus delirios de poder paralelo con la finalización de la guerra fría.
Igual que otros antiguos favorecidos del imperio, hoy nuestros héroes de la prensa ven esfumarse sus privilegios por la falta de un contexto internacional que les permitía abusos en nombre de la polaridad este y oeste. La SIP ha ingresado a una etapa de franca decadencia y de héroes de la propaganda imperialista hoy han pasado a ser simples villanos y parásitos que ya no se justifican como antaño ante los ojos de sus amos.
La suerte de Ben Laden, Somoza, Stroessner, Pinochet, Mobutu, Savimbi y otros tantos caídos en desgracia con sus titiriteros del norte, la temida caída final, es todo lo que hoy le queda por delante a los fantoches de la SIP.
Luis Agüero Wagner
viernes, 4 de abril de 2008
EL ANTICOMUNISMO DE LA DERECHA MAQUILLADA
(Luis Agüero Wagner)
El 2 de abril de 1959 la embajada norteamericana en Asunción informaba a Washington que los directores del Partido Liberal, hoy impulsor de la candidatura del obispo católico Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay, habían suspendido al doctor Franciso Silva por sus actividades sospechadas de comunistas. Silva se había involucrado en el Frente Unido de Liberación Nacional, y la resolución de su partido respondía a que dicho grupo era considerado dominado por comunistas y por tal motivo rechazado en el Partido Liberal.
Era frecuente que los dirigentes liberales cierren filas en torno al dictador Stroessner cuando la izquierda ganaba algún protagonismo, y una verdadera competencia de delatores se desataba en las filas de la agrupación en busca del ansiado favor del régimen que abría las puertas a un escaño en el parlamento títere y a las mieles del colaboracionismo con el poder.
Una década más tarde, el 7 de marzo de 1969, fue apresado por la policía política del dictador Stroessner el vendedor de helados Juan José Farías, bajo la sospecha –luego demostradamente falsa- de ser un activista del Partido Comunista paraguayo. El caso tomó estado público porque los familiares recurrieron a los dirigentes del Partido Liberal al cual Farías estaba afiliado siendo un conocido militante de su comité de Fernando de la Mora.
Se ordenó una exhumación y al abrir el féretro se encontraron los rastros de la brutal violencia a que fue sometido el infortunado detenido. El Partido Liberal abrió un juicio a los responsables de su muerte, y, días después, fue realizada una autopsia del cadáver que dio lugar a una dilatada polémica entre el político liberal y médico patólogo Miguel Angel Martínez Yaryes, el responsable del procedimiento, y el abogado de Pastor Coronel Julio César Vasconcellos. El caso, como era de temer, no prosperó en los estrados judiciales y terminó sin definiciones.
Sin embargo, en los archivos del terror quedaron rastros de una muerte que pasó a engrosar el currículum del célebre jefe de Investigaciones Pastor Coronel.
Después de más de dos décadas pudo verificarse en los documentos que Juan José Farías fue detenido por el Oficial Segundo Esteban Martínez Chávez, quien habría encontrado, envuelto en papel celofán dentro de su conservadora de helado, papeles relacionados con el partido comunista. Estaban de guardia el día de su detención el Oficial primero Arnaldo Amarilla Flores y el oficial primero Miguel Zacarías Ruiz Almada. El día de su deceso la misma responsabilidad correspondía al oficial inspector Herminio López y el oficial primero Juan Distéfano.
En su indolente declaración, el jefe de la policía política indicó que el fallecido había contraído una fuerte gripe la noche anterior a su deceso, y que a la mañana siguiente fue trasladado muy desmejorado al Policlínico Policial, a las ocho y diez minutos de la mañana en una camioneta del Departamento de Investigaciones.
En los papeles se señala que acompañó a Farías hasta el hospital el propio Director de Política y afines, Comisario Rolón Benítez.
La policía se empeñó en probar que Farías era un activo dirigente comunista, lo cual fue rotundamente desmentido desde las páginas de “el Enano”, periódico liberal, donde se negaba airadamente “la tremenda mentira y la acusación gratuita y burda”, como sintiéndose insultados y reconociendo lo válido del razonamiento de los verdugos si la víctima hubiese sido en realidad comunista. El argumento obedecía a que los comunistas en el Paraguay no gozaban de ningún derecho y un derecho no consagrado no puede ser violado: una muerte de alguno de ellos no era sino una suerte de ajusticiamiento de un sanguinario criminal no sólo para la policía, también para los personeros del Partido Liberal.
La actitud se explicaba porque el sector participacionista del liberalismo actuaba como soplón de la dictadura sobre las actividades del grupo abstencionista y la oposición en particular, siendo de reconocida prosapia participacionista el actual compañero de fórmula del obispo Fernando Lugo en la denominada Alianza Patriótica para el cambio.
Durante la dictadura anticomunista, cuando en alguno reunión alguien denostaba contra el régimen del general Stroessner, era normal que algunos de estos personeros del partido Liberal sean los primeros en intentar apaciguar los ánimos de los exhaltados, actitud que se prolongó tanto tiempo que la colaboración con la dictadura de referentes liberales se mantuvo hasta el epílogo del régimen militar en las primeras horas del 3 de febrero de 1989. Para entonces, ya hacía más de dos décadas que habían contribuído a legitimar desde el parlamento de fachada el tratado de Itaipú, sobre cuya renegociación gira ahora el libreto de su campaña proselitista como si fueran inocentes de las imperfecciones que lo firmado pudiera tener.
Bastan estos ejemplos de hechos históricos reales para comprender la eterna incapacidad de la oposición paraguaya, debida en gran parte a la falta de coherencia en el espacio opositor compartido entre conservadores, liberales, socialistas y comunistas.
Aunque la prensa paraguaya se empeñe en silenciarlo, la historia política y las fisuras en el frente interno de la Alianza Patriótica para el cambio (representantes de la derecha maquillada, acompañada de una izquierda de utilería vinculada a la embajada norteamericana) que busca derrotar al partido colorado por primera vez en seis décadas, inducen a esperar sin muchas expectativas los sucesos del próximo 20 de abril. Vistos los hechos desde Asunción, sin pretensiones de futurólogos, podemos anunciar que no habrá una gran sorpresa en las votaciones con relación a los antecedentes.
Luis Agüero Wagner
El 2 de abril de 1959 la embajada norteamericana en Asunción informaba a Washington que los directores del Partido Liberal, hoy impulsor de la candidatura del obispo católico Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay, habían suspendido al doctor Franciso Silva por sus actividades sospechadas de comunistas. Silva se había involucrado en el Frente Unido de Liberación Nacional, y la resolución de su partido respondía a que dicho grupo era considerado dominado por comunistas y por tal motivo rechazado en el Partido Liberal.
Era frecuente que los dirigentes liberales cierren filas en torno al dictador Stroessner cuando la izquierda ganaba algún protagonismo, y una verdadera competencia de delatores se desataba en las filas de la agrupación en busca del ansiado favor del régimen que abría las puertas a un escaño en el parlamento títere y a las mieles del colaboracionismo con el poder.
Una década más tarde, el 7 de marzo de 1969, fue apresado por la policía política del dictador Stroessner el vendedor de helados Juan José Farías, bajo la sospecha –luego demostradamente falsa- de ser un activista del Partido Comunista paraguayo. El caso tomó estado público porque los familiares recurrieron a los dirigentes del Partido Liberal al cual Farías estaba afiliado siendo un conocido militante de su comité de Fernando de la Mora.
Se ordenó una exhumación y al abrir el féretro se encontraron los rastros de la brutal violencia a que fue sometido el infortunado detenido. El Partido Liberal abrió un juicio a los responsables de su muerte, y, días después, fue realizada una autopsia del cadáver que dio lugar a una dilatada polémica entre el político liberal y médico patólogo Miguel Angel Martínez Yaryes, el responsable del procedimiento, y el abogado de Pastor Coronel Julio César Vasconcellos. El caso, como era de temer, no prosperó en los estrados judiciales y terminó sin definiciones.
Sin embargo, en los archivos del terror quedaron rastros de una muerte que pasó a engrosar el currículum del célebre jefe de Investigaciones Pastor Coronel.
Después de más de dos décadas pudo verificarse en los documentos que Juan José Farías fue detenido por el Oficial Segundo Esteban Martínez Chávez, quien habría encontrado, envuelto en papel celofán dentro de su conservadora de helado, papeles relacionados con el partido comunista. Estaban de guardia el día de su detención el Oficial primero Arnaldo Amarilla Flores y el oficial primero Miguel Zacarías Ruiz Almada. El día de su deceso la misma responsabilidad correspondía al oficial inspector Herminio López y el oficial primero Juan Distéfano.
En su indolente declaración, el jefe de la policía política indicó que el fallecido había contraído una fuerte gripe la noche anterior a su deceso, y que a la mañana siguiente fue trasladado muy desmejorado al Policlínico Policial, a las ocho y diez minutos de la mañana en una camioneta del Departamento de Investigaciones.
En los papeles se señala que acompañó a Farías hasta el hospital el propio Director de Política y afines, Comisario Rolón Benítez.
La policía se empeñó en probar que Farías era un activo dirigente comunista, lo cual fue rotundamente desmentido desde las páginas de “el Enano”, periódico liberal, donde se negaba airadamente “la tremenda mentira y la acusación gratuita y burda”, como sintiéndose insultados y reconociendo lo válido del razonamiento de los verdugos si la víctima hubiese sido en realidad comunista. El argumento obedecía a que los comunistas en el Paraguay no gozaban de ningún derecho y un derecho no consagrado no puede ser violado: una muerte de alguno de ellos no era sino una suerte de ajusticiamiento de un sanguinario criminal no sólo para la policía, también para los personeros del Partido Liberal.
La actitud se explicaba porque el sector participacionista del liberalismo actuaba como soplón de la dictadura sobre las actividades del grupo abstencionista y la oposición en particular, siendo de reconocida prosapia participacionista el actual compañero de fórmula del obispo Fernando Lugo en la denominada Alianza Patriótica para el cambio.
Durante la dictadura anticomunista, cuando en alguno reunión alguien denostaba contra el régimen del general Stroessner, era normal que algunos de estos personeros del partido Liberal sean los primeros en intentar apaciguar los ánimos de los exhaltados, actitud que se prolongó tanto tiempo que la colaboración con la dictadura de referentes liberales se mantuvo hasta el epílogo del régimen militar en las primeras horas del 3 de febrero de 1989. Para entonces, ya hacía más de dos décadas que habían contribuído a legitimar desde el parlamento de fachada el tratado de Itaipú, sobre cuya renegociación gira ahora el libreto de su campaña proselitista como si fueran inocentes de las imperfecciones que lo firmado pudiera tener.
Bastan estos ejemplos de hechos históricos reales para comprender la eterna incapacidad de la oposición paraguaya, debida en gran parte a la falta de coherencia en el espacio opositor compartido entre conservadores, liberales, socialistas y comunistas.
Aunque la prensa paraguaya se empeñe en silenciarlo, la historia política y las fisuras en el frente interno de la Alianza Patriótica para el cambio (representantes de la derecha maquillada, acompañada de una izquierda de utilería vinculada a la embajada norteamericana) que busca derrotar al partido colorado por primera vez en seis décadas, inducen a esperar sin muchas expectativas los sucesos del próximo 20 de abril. Vistos los hechos desde Asunción, sin pretensiones de futurólogos, podemos anunciar que no habrá una gran sorpresa en las votaciones con relación a los antecedentes.
Luis Agüero Wagner
jueves, 3 de abril de 2008
ESTADOS UNIDOS Y LOS RUMORES DE GOLPE DE ESTADO EN PARAGUAY
(Luis Agüero Wagner)
Varios indicios vienen señalando que los Estados Unidos han puesto en marcha un plan para orquestar un golpe de estado en Paraguay similar al que instrumentaron en Venezuela en abril del año 2002.
Primero fue la abierta intromisión del embajador James Cason, luego fueron las encuestas irreales realizadas por encuestadores ligados a organismos vinculados a USAID, posteriormente las amenazas de paralizar el país. Ahora la alianza que impulsa al obispo Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay amenaza que no reconocerá resultados, dando a entender que se movilizará buscando desestabilizar al gobierno hasta derrocarlo e imponer por esta vía torcida la candidatura que promueve.
Las denuncias que vienen realizando contra el Tribunal Electoral del Paraguay son inconsistentes si se considera que las autoridades del mismo fueron puestas en sus funciones por la misma oposición adicta al Obispo. Para dimensionar el grado de tergiversación en lo que señalan los medios de difusión con respecto a las preferencias de los votantes, hay que tener en cuenta que el partido gobernante en Paraguay goza de la adhesión de cerca del 70 por ciento de la población, por lo cual la oposición necesariamente debe valerse de las fracturas y divisiones en su seno para intentar derrotarlo.
Para lograr su propósito, cuentan con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación de Paraguay, de la embajada norteamericana y la iglesia católica, que no es poco decir. El influyente Senador oficialista Juan Carlos Galaverna denunció en base a todas estas evidencias palpables que un golpe de estado dirigido por fuerzas exógenas está en marcha en Paraguay, a través de un orquestaje de la prensa y el embajador James Cason para difundir e imponer la falsa percepción de que el Obispo Fernando Lugo encabeza las preferencias del electorado, versión que goza de gran difusión a través de la prensa nacional e internacional a pesar del dudoso origen de los datos estadísticos y las encuestas en Paraguay.
Hay que recordar que el golpe de estado impulsado por Estados Unidos es una práctica que en el Paraguay goza de frondosos antecedentes y en todas las modalidades desde que el Departamento de Estado impulsó la dictadura anticomunista de José Félix Estigarribia en el año 1940, a cambio del visto bueno del General en cuestión a la entrega de los pozos petrolíferos del Chaco, que Paraguay arrebató a Bolivia en una guerra concluida en 1935. La misma guerra había sido desatada desde las oficinas de la Standard Oil Company, que necesitaba oleoductos para derramar el petróleo de Camiri (Bolivia) en el río Paraguay, salida para la cual necesitaba arrebatar el Chaco.
Todos los indicios indican que conservar las concesiones a la empresa petrolera California Oil, realizadas en 1944 por el dictador militar Higinio Morínigo, determinaron en Paraguay otro golpe de estado apoyado por Estados Unidos el 13 de enero de 1947.
El apoyo norteamericano al golpe de estado que puso en el poder al General Alfredo Stroessner se evidencia en un memorando interno confidencial fechado el 6 de mayo de 1954, dirigido de OSA-Mister Atwood a ARA-Mister Holland, apenas a 48 después de producidos los hechos. Un año antes, en 1953, Stroessner había visitado Estados Unidos y la zona del Canal de Panamá y había estrechado vínculos con los generales Emil Kiel y Robert Stevens, con vistas a convertirse en interlocutor privilegiado de Washington en Asunción. El respaldo económico a Stroessner por parte de los norteamericanos se hizo patente desde un principio, ya que apenas a las dos semanas de asumir éste, el 2 de setiembre de 1954, el EXIMBANK aprobó un crédito de 7,2 millones de dólares para el gobierno del Paraguay, supuestamente para ayudar a financiar la compra de servicios y equipamentos norteamericanos necesarios para la instalación de un sistema central de provisión de agua en Asunción.
El 23 de Julio de 1956 Stroessner y el presidente Dwigth Eisenhower se entrevistaron en Panamá, y como resultado de la entrevista el dictador del Paraguay recibió préstamos de la AID y los servicios de experimentados represores y torturadores como Robert L. Brown, Stanley Potter y Robert Thierry. A pedido de Estados Unidos, Stroessner ordenó apresar a toda la dirigencia comunista, que en el marco de la guerra fría entre Washington y Moscú ya tenían precio per cápita en las ventanillas de cobro del imperio. Con el correr de las décadas, las agencias de penetración imperialista lograron apropiarse en Paraguay hasta de gran parte de lo que se puede pensar y decir, y lograron adecuarse a las circunstancias al punto que muchos empresarios de la comunicación que habían sido férreos defensores de Stroessner, Pinochet y Videla acabaron abrazando convicciones democráticas y promocionando una democracia tutelada por Estados Unidos en Paraguay.
La mayoría de estos empresarios jugaron un papel fundamental en el golpe orquestado en marzo de 1999 en Paraguay por la especialista en affaires consulares, organizadora de la invasión de Grenada y la secesión de Lituania, Maura Harty, y el promotor del Plan Colombia Peter Romero. Hoy están unidos al embajador James Cason para impulsar la candidatura del obispo Fernando Lugo, que retribuye con su sometimiento a los dictados de la prensa que lo apoya, en su totalidad financiada por la National Endowment for Democracy.
La mayoría de las organizaciones que dicen apoyar espontáneamente a Lugo son ONGs vinculadas a la embajada norteamericana y a USAID, además de receptoras de donaciones de la IAF controlada por George W. Bush. De cualquier manera, su capacidad de movilización es escasa ya que apenas constituyen grupos fantasmas que invocan supuestos fines altruistas para embolsar donaciones, pero carecen de proyección popular. Asimismo el control que ejerce el embajador norteamericano sobre la prensa a través de sus becas, dádivas y donaciones y los sondeos que organizan grupos afines, así como el poderío económico que se les conoce, tanto como el apoyo de la iglesia católica a favor de la candidatura que impulsan, confieren suficiente credibilidad a las sospechas del senador Galaverna.
Más aún si consideramos los antecedentes y abusos cometidos por el imperio norteamericano a lo largo de la historia del Paraguay. (Luis Agüero Wagner)
Varios indicios vienen señalando que los Estados Unidos han puesto en marcha un plan para orquestar un golpe de estado en Paraguay similar al que instrumentaron en Venezuela en abril del año 2002.
Primero fue la abierta intromisión del embajador James Cason, luego fueron las encuestas irreales realizadas por encuestadores ligados a organismos vinculados a USAID, posteriormente las amenazas de paralizar el país. Ahora la alianza que impulsa al obispo Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay amenaza que no reconocerá resultados, dando a entender que se movilizará buscando desestabilizar al gobierno hasta derrocarlo e imponer por esta vía torcida la candidatura que promueve.
Las denuncias que vienen realizando contra el Tribunal Electoral del Paraguay son inconsistentes si se considera que las autoridades del mismo fueron puestas en sus funciones por la misma oposición adicta al Obispo. Para dimensionar el grado de tergiversación en lo que señalan los medios de difusión con respecto a las preferencias de los votantes, hay que tener en cuenta que el partido gobernante en Paraguay goza de la adhesión de cerca del 70 por ciento de la población, por lo cual la oposición necesariamente debe valerse de las fracturas y divisiones en su seno para intentar derrotarlo.
Para lograr su propósito, cuentan con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación de Paraguay, de la embajada norteamericana y la iglesia católica, que no es poco decir. El influyente Senador oficialista Juan Carlos Galaverna denunció en base a todas estas evidencias palpables que un golpe de estado dirigido por fuerzas exógenas está en marcha en Paraguay, a través de un orquestaje de la prensa y el embajador James Cason para difundir e imponer la falsa percepción de que el Obispo Fernando Lugo encabeza las preferencias del electorado, versión que goza de gran difusión a través de la prensa nacional e internacional a pesar del dudoso origen de los datos estadísticos y las encuestas en Paraguay.
Hay que recordar que el golpe de estado impulsado por Estados Unidos es una práctica que en el Paraguay goza de frondosos antecedentes y en todas las modalidades desde que el Departamento de Estado impulsó la dictadura anticomunista de José Félix Estigarribia en el año 1940, a cambio del visto bueno del General en cuestión a la entrega de los pozos petrolíferos del Chaco, que Paraguay arrebató a Bolivia en una guerra concluida en 1935. La misma guerra había sido desatada desde las oficinas de la Standard Oil Company, que necesitaba oleoductos para derramar el petróleo de Camiri (Bolivia) en el río Paraguay, salida para la cual necesitaba arrebatar el Chaco.
Todos los indicios indican que conservar las concesiones a la empresa petrolera California Oil, realizadas en 1944 por el dictador militar Higinio Morínigo, determinaron en Paraguay otro golpe de estado apoyado por Estados Unidos el 13 de enero de 1947.
El apoyo norteamericano al golpe de estado que puso en el poder al General Alfredo Stroessner se evidencia en un memorando interno confidencial fechado el 6 de mayo de 1954, dirigido de OSA-Mister Atwood a ARA-Mister Holland, apenas a 48 después de producidos los hechos. Un año antes, en 1953, Stroessner había visitado Estados Unidos y la zona del Canal de Panamá y había estrechado vínculos con los generales Emil Kiel y Robert Stevens, con vistas a convertirse en interlocutor privilegiado de Washington en Asunción. El respaldo económico a Stroessner por parte de los norteamericanos se hizo patente desde un principio, ya que apenas a las dos semanas de asumir éste, el 2 de setiembre de 1954, el EXIMBANK aprobó un crédito de 7,2 millones de dólares para el gobierno del Paraguay, supuestamente para ayudar a financiar la compra de servicios y equipamentos norteamericanos necesarios para la instalación de un sistema central de provisión de agua en Asunción.
El 23 de Julio de 1956 Stroessner y el presidente Dwigth Eisenhower se entrevistaron en Panamá, y como resultado de la entrevista el dictador del Paraguay recibió préstamos de la AID y los servicios de experimentados represores y torturadores como Robert L. Brown, Stanley Potter y Robert Thierry. A pedido de Estados Unidos, Stroessner ordenó apresar a toda la dirigencia comunista, que en el marco de la guerra fría entre Washington y Moscú ya tenían precio per cápita en las ventanillas de cobro del imperio. Con el correr de las décadas, las agencias de penetración imperialista lograron apropiarse en Paraguay hasta de gran parte de lo que se puede pensar y decir, y lograron adecuarse a las circunstancias al punto que muchos empresarios de la comunicación que habían sido férreos defensores de Stroessner, Pinochet y Videla acabaron abrazando convicciones democráticas y promocionando una democracia tutelada por Estados Unidos en Paraguay.
La mayoría de estos empresarios jugaron un papel fundamental en el golpe orquestado en marzo de 1999 en Paraguay por la especialista en affaires consulares, organizadora de la invasión de Grenada y la secesión de Lituania, Maura Harty, y el promotor del Plan Colombia Peter Romero. Hoy están unidos al embajador James Cason para impulsar la candidatura del obispo Fernando Lugo, que retribuye con su sometimiento a los dictados de la prensa que lo apoya, en su totalidad financiada por la National Endowment for Democracy.
La mayoría de las organizaciones que dicen apoyar espontáneamente a Lugo son ONGs vinculadas a la embajada norteamericana y a USAID, además de receptoras de donaciones de la IAF controlada por George W. Bush. De cualquier manera, su capacidad de movilización es escasa ya que apenas constituyen grupos fantasmas que invocan supuestos fines altruistas para embolsar donaciones, pero carecen de proyección popular. Asimismo el control que ejerce el embajador norteamericano sobre la prensa a través de sus becas, dádivas y donaciones y los sondeos que organizan grupos afines, así como el poderío económico que se les conoce, tanto como el apoyo de la iglesia católica a favor de la candidatura que impulsan, confieren suficiente credibilidad a las sospechas del senador Galaverna.
Más aún si consideramos los antecedentes y abusos cometidos por el imperio norteamericano a lo largo de la historia del Paraguay. (Luis Agüero Wagner)
martes, 1 de abril de 2008
COMUNISTAS PROTEGIDOS POR GEORGE W. BUSH
(Luis Agüero Wagner)
La historia del Partido comunista paraguayo es una crónica de hechos heroicos, luchas inclaudicables y lealtad a una causa que raya en lo demencial. Fundado en 1928 al influjo de las revoluciones que sacudían al orbe como cataclismos que daban nueva forma al mundo, sufrió la tenaz persecución de los gobiernos liberales que entonces asolaban al Paraguay.
Un documento que la cancillería paraguaya recibió en mayo de 1934 de su cónsul en Paris M. Lapierre, da constancia que el conocido ideólogo de la revolución de Octubre León Trostky solicitó visado en dicha oficina con la intención de asilarse en el Paraguay. En prueba de intolerancia el gobierno paraguayo de entonces le negó el permiso calificándolo de “conocido agitador”, por lo cual el acérrimo rival de Stalin terminó siendo acogido por el gobierno mexicano.
Durante la dictadura anticomunista inspirada y sufragada por Washington, que en Paraguay abarcó el período comprendido entre 1940 y 1989 –que casi en su totalidad ocuparon tres generales: José Félix Estigarribia, Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner-, el partido comunista vio caer a sus más esclarecidos líderes. Su secretario general Miguel Angel Soler acabó cruelmente martirizado en las dependencias de la policía política, y otro tanto acaeció con el principal dirigente de la juventud comunista Derlis Villagra.
Con ilimitado coraje, los soldados del Frente Unido de Liberación Nacional (guerrilla comunista) libraron épicas batallas contra un ejército fuertemente equipado y asesorado por estrategas del Pentágono en las selvas guaraníes, en episodios llenos de heroísmo. Durante aquellos años aciagos, la infiltración causaría estragos, y los dobles agentes demostrarían una gran habilidad para lograr engañar a los solidarios gobiernos de Cuba y la Unión Soviética logrando acaparar la cooperación internacionalista con la revolución paraguaya.
Uno de los casos más graves lo representó el antropólogo Miguel Chase Sardi (Gato Chase) quien era un reconocido informante a sueldo de la CIA y la embajada norteamericana y al mismo tiempo favorito de los jerarcas del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), constantemente convocado a La Habana y Moscú para departir con los más importantes líderes del bloque comunista y recibir aportes para la lucha paraguaya, que de esta manera lo único que conseguían es fortalecer la posición de los dominadores imperialistas del Paraguay.
Con el fin de la dictadura anticomunista el partido debió sobrevivir a la debacle del comunismo en Europa del este y a la propaganda que anunciaba el fin de la historia. En la década de los años 1990, su preclaro líder Ananías Maidana logró sacar al partido de las catacumbas y con un admirable esfuerzo reorganizó sus cuadros a pesar del desfavorable contexto internacional de esos años en que las coacciones externas desnacionalizantes tuvieron gran auge con el apogeo neoliberal.
Desafortunadamente, el partido comunista paraguayo no ha tenido muy buena fortuna para elegir el momento y los aliados con los cuales emprender su primera participación en elecciones de toda su historia de ocho décadas. A pesar de que fueron los mismos referentes de dicho partido quienes denunciaron internacionalmente la infiltración de elementos vinculados a USAID y a la embajada norteamericana de Asunción en el supuesto movimiento de izquierdas que lanzó a la arena política al obispo Fernando Lugo.
Fueron los mismos comunistas quienes denunciaron que Camilo Soares, secretario general del PMas, era un antiguo infiltrado con fuertes vinculaciones en la embajada norteamericana de Asunción, constante beneficiario de los dólares de George W. Bush distribuídos por la IAF, la Nacional Endowment for Democracy y USAID, todos ellos organismos de penetración imperialista. Personalmente recibí del encargado de relaciones internacionales del partido comunista paraguayo documentos sobre los 45.000 dólares que hace pocos meses desembolsó la embajada norteamericana en beneficio de la “Casa de la Juventud”, ONG fantasma que recauda para el PMas. Sólo en el año 2005 el mismo supuesto partido socialista recibió 127 mil dólares de la IAF, institución controlada por George W. Bush.
A pesar de lo que la mayoría de la gente piensa, el Movimiento Tekojoja es otro de los movimientos cercanos a Lugo con fuertes vínculos con la embajada que hoy está bajo el mando del conocido embajador James Cason, célebre por haber financiado a disidentes remunerados en Cuba y varios otros países latinoamericanos para luego
utilizarlos como marionetas para desestabilizar gobiernos que no son de su agrado.
El despropósito de acompañar a estos agentes del imperialismo es un desatino de los comunistas paraguayos sólo comparable al que cometieron en 1940, cuando a cambio de la liberación de algunos referentes de la agupación dieron el apoyo de las centrales obreras bajo su control al dictador militar anticomunista José Félix Estigarribia, quien luego impondría una constitución nazi fascista de catastróficas consecuencias para el Paraguay.
Lazos igualmente sólidos unen a la prensa que apoya al obispo con las instituciones norteamericanas que Washington utiliza como herramienta de penetración imperialista para imponer condicionamientos al gobierno paraguayo a cambio de supuesta cooperación. Casualmente, esta presunta ayuda está puesta en entredicho por las autoridades paraguayas que han denunciado negociados entre agentes diplomáticos norteamericanos y empresas basadas en Estados Unidos.
A esta contradicción se suma el acompañamiento comunista al apoyo de la ultra conservadora iglesia católica paraguaya a la candidatura del Obispo, que se ha hecho patente con pronunciamientos y comunicados, además de las frecuentes declaraciones de algunos religiosos como Mario Melanio Medina en las secciones políticas de los diarios acompañando protestas de la oposición. Luis Agüero Wagner
La historia del Partido comunista paraguayo es una crónica de hechos heroicos, luchas inclaudicables y lealtad a una causa que raya en lo demencial. Fundado en 1928 al influjo de las revoluciones que sacudían al orbe como cataclismos que daban nueva forma al mundo, sufrió la tenaz persecución de los gobiernos liberales que entonces asolaban al Paraguay.
Un documento que la cancillería paraguaya recibió en mayo de 1934 de su cónsul en Paris M. Lapierre, da constancia que el conocido ideólogo de la revolución de Octubre León Trostky solicitó visado en dicha oficina con la intención de asilarse en el Paraguay. En prueba de intolerancia el gobierno paraguayo de entonces le negó el permiso calificándolo de “conocido agitador”, por lo cual el acérrimo rival de Stalin terminó siendo acogido por el gobierno mexicano.
Durante la dictadura anticomunista inspirada y sufragada por Washington, que en Paraguay abarcó el período comprendido entre 1940 y 1989 –que casi en su totalidad ocuparon tres generales: José Félix Estigarribia, Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner-, el partido comunista vio caer a sus más esclarecidos líderes. Su secretario general Miguel Angel Soler acabó cruelmente martirizado en las dependencias de la policía política, y otro tanto acaeció con el principal dirigente de la juventud comunista Derlis Villagra.
Con ilimitado coraje, los soldados del Frente Unido de Liberación Nacional (guerrilla comunista) libraron épicas batallas contra un ejército fuertemente equipado y asesorado por estrategas del Pentágono en las selvas guaraníes, en episodios llenos de heroísmo. Durante aquellos años aciagos, la infiltración causaría estragos, y los dobles agentes demostrarían una gran habilidad para lograr engañar a los solidarios gobiernos de Cuba y la Unión Soviética logrando acaparar la cooperación internacionalista con la revolución paraguaya.
Uno de los casos más graves lo representó el antropólogo Miguel Chase Sardi (Gato Chase) quien era un reconocido informante a sueldo de la CIA y la embajada norteamericana y al mismo tiempo favorito de los jerarcas del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), constantemente convocado a La Habana y Moscú para departir con los más importantes líderes del bloque comunista y recibir aportes para la lucha paraguaya, que de esta manera lo único que conseguían es fortalecer la posición de los dominadores imperialistas del Paraguay.
Con el fin de la dictadura anticomunista el partido debió sobrevivir a la debacle del comunismo en Europa del este y a la propaganda que anunciaba el fin de la historia. En la década de los años 1990, su preclaro líder Ananías Maidana logró sacar al partido de las catacumbas y con un admirable esfuerzo reorganizó sus cuadros a pesar del desfavorable contexto internacional de esos años en que las coacciones externas desnacionalizantes tuvieron gran auge con el apogeo neoliberal.
Desafortunadamente, el partido comunista paraguayo no ha tenido muy buena fortuna para elegir el momento y los aliados con los cuales emprender su primera participación en elecciones de toda su historia de ocho décadas. A pesar de que fueron los mismos referentes de dicho partido quienes denunciaron internacionalmente la infiltración de elementos vinculados a USAID y a la embajada norteamericana de Asunción en el supuesto movimiento de izquierdas que lanzó a la arena política al obispo Fernando Lugo.
Fueron los mismos comunistas quienes denunciaron que Camilo Soares, secretario general del PMas, era un antiguo infiltrado con fuertes vinculaciones en la embajada norteamericana de Asunción, constante beneficiario de los dólares de George W. Bush distribuídos por la IAF, la Nacional Endowment for Democracy y USAID, todos ellos organismos de penetración imperialista. Personalmente recibí del encargado de relaciones internacionales del partido comunista paraguayo documentos sobre los 45.000 dólares que hace pocos meses desembolsó la embajada norteamericana en beneficio de la “Casa de la Juventud”, ONG fantasma que recauda para el PMas. Sólo en el año 2005 el mismo supuesto partido socialista recibió 127 mil dólares de la IAF, institución controlada por George W. Bush.
A pesar de lo que la mayoría de la gente piensa, el Movimiento Tekojoja es otro de los movimientos cercanos a Lugo con fuertes vínculos con la embajada que hoy está bajo el mando del conocido embajador James Cason, célebre por haber financiado a disidentes remunerados en Cuba y varios otros países latinoamericanos para luego
utilizarlos como marionetas para desestabilizar gobiernos que no son de su agrado.
El despropósito de acompañar a estos agentes del imperialismo es un desatino de los comunistas paraguayos sólo comparable al que cometieron en 1940, cuando a cambio de la liberación de algunos referentes de la agupación dieron el apoyo de las centrales obreras bajo su control al dictador militar anticomunista José Félix Estigarribia, quien luego impondría una constitución nazi fascista de catastróficas consecuencias para el Paraguay.
Lazos igualmente sólidos unen a la prensa que apoya al obispo con las instituciones norteamericanas que Washington utiliza como herramienta de penetración imperialista para imponer condicionamientos al gobierno paraguayo a cambio de supuesta cooperación. Casualmente, esta presunta ayuda está puesta en entredicho por las autoridades paraguayas que han denunciado negociados entre agentes diplomáticos norteamericanos y empresas basadas en Estados Unidos.
A esta contradicción se suma el acompañamiento comunista al apoyo de la ultra conservadora iglesia católica paraguaya a la candidatura del Obispo, que se ha hecho patente con pronunciamientos y comunicados, además de las frecuentes declaraciones de algunos religiosos como Mario Melanio Medina en las secciones políticas de los diarios acompañando protestas de la oposición. Luis Agüero Wagner
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